El silencio, cómplice del riesgo suicida

El suicidio es un problema que al año cobra alrededor de 703.000 mil vidas en el mundo. En el último año, entre enero y julio, se han presentado 1.810 casos en Colombia, y el Huila ocupa el cuarto lugar en los índices más altos. Para abordar el tema e incentivar su prevención, recientemente la Usco, junto a la Fundación ANDA, realizaron el 5° Foro Nacional de Suicidio.

Por: Daniela Valderrama Pulido

La conducta suicida es un grave problema sanitario y social en el que intervienen variables psicológicas, sociales, biológicas, culturales y ambientales. Cada año, según la Organización Mundial de la Salud, (OMS) en el mundo mueren alrededor de 703.000 personas a causa del suicidio.

El suicidio es considerado la cuarta causa principal de defunción en el mundo y se estima que los jóvenes y adultos mayores son la población más vulnerable y por lo tanto afectada. Teniendo en cuenta el último boletín de Medicina Legal, durante el periodo comprendido entre enero y julio de este año 2023, se ha incrementado en un 15,73% la tasa de suicidios en nuestro país, con respecto al año pasado, pues de 1.564 casos del período anterior, aumentó a 1.810. Aterrizando estos datos a un contexto local se puede evidenciar que durante los periodos 2021/2022 el Huila ocupó el cuarto lugar en los índices más altos de muerte por suicidio, con un total de 8,3%.

De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en Colombia en el año 2022 hubo un incremento del 13,4% en el total de defunciones por suicidios ocurridos en personas con edades entre los 15 a 19 años, en comparación al año 2021, pues de 350 casos se pasó a 397. Además, se evidencia una tendencia de mayor crecimiento en los suicidios cometidos por hombres que en los casos de mujeres.

Son muchas las razones que agudizan esta problemática, pero hay una en particular y es el estigma.

El estigma del silencio

Una de las principales barreras para prevenir el riesgo suicida son los imaginarios que se crean alrededor del tema, no solo en torno de la conducta suicida sino también del suicida; la poca importancia que se le da a la salud pública, en especial a la salud mental; y la falta de sensibilización al abordarse. Estos factores hacen que las personas que tratan de quitarse la vida, o piensan hacerlo, no acudan en busca de ayuda por el temor a ser juzgados, señalados, pero también por mitos: que todas las personas que tienen ideas suicidas tienen enfermedades mentales, que solo se va al psicólogo o al psiquiatra si se está “loco”, o que el hablar de las emociones, y de cómo te sientes, no es cosa de hombres o es cosas de “débiles”.

Valeria

A Valeria la conocí hace ya algunos unos años en la Universidad. Cuando le comenté a cerca de esta nota periodística para el periódico Desde La U, me dijo que quería contar su historia, pero me pidió que cambiará los nombres y toda la información necesaria porque, aunque quería alzar su voz, prefería hacerlo desde el anonimato, pues a su parecer aún hay poca sensibilización con el tema.

Diego era uno de los mejores amigos de Valeria, un joven de diecinueve años a quien le apasionaba el arte, la música y las letras; era amoroso, tierno y muy gracioso, a veces le costaba un poco expresarse, producto de su timidez. De acuerdo a Valeria, Diego tenía una familia que lo amó y que él amó, muchos amigos, y una vida que parecía normal, es decir: estudiaba, leía, salía.

Ella cree que definitivamente el silencio fue cómplice, ya que si su familia, sus amigos o ella misma hubieran identificado los factores de riesgo tal vez habrían ayudado a salvar la vida de ese hijo, hermano y amigo.

Por eso es necesario romper el silencio, dignificar el sufrimiento emocional e identificar el dolor. Se precisa hablar de suicidio por toda la población, ya que realmente sin importar la edad, etnia, ideología, sexo, género o estrato se podría estar en riesgo.

Recuerdo, comentó Valeria, que uno de los últimos mensajes de Diego decía: “Últimamente he tenido episodios de ansiedad, me falta el aire y no puedo dormir. Tal vez deba acudir con un profesional, pero para mí, en definitiva, los hombres no deben llorar. Los días siguen pasando, lentos… la verdad no quiero hablar, ni comer, solo quiero desaparecer. El dolor me invade, lo he intentado, pero ya no puedo más … Creo que nadie me escucha, no resisto mi propia existencia y me gustaría parar este sufrimiento”.

Como respuesta inmediata, ella le sugirió ir a un especialista e incluso le propuso acompañarlo al día siguiente. Sin embargo, ya no hubo tiempo, ni respuesta.

Hoy, afirma Valeria, “sé que cuando Diego tomó la decisión no lo hizo en ese preciso momento. Era una idea que venía procesando hace ya muchísimo tiempo, y pese a que dio señales nunca nos lo dijo directamente. Diego tenía depresión, la estaba enfrentando él solo, y por temor o por lo que haya sido no se atrevió a contarnos”.

El proceso suicida no es un proceso lineal, no siempre existe un plan. Por ello, la prevención del suicidio requiere intervención tanto del sector de la salud como también de otros sectores, por ejemplo la academia, la política, las ideologías, el sector financiero, y los medios de comunicación.

Conclusiones del foro

Cuando asistí al foro, y escuché las conferencias, empecé a identificar algunos patrones y recordé a Valeria diciéndome: “Si hubiera sabido lo que ahora sé, tal vez hubiera podido ayudar a Diego, pero el “hubiera” no existe y ahora me queda levantar mi voz por los que estamos; por eso hoy les digo: vayan a terapia, busquen ayuda profesional, yo lo estoy haciendo, rompan todos esos tabúes, pedir ayuda está bien, escribir y hablar de cómo nos sentimos, está bien. Callar hace mucho daño”.

Ese 8 de septiembre, en el auditorio Olga Tony Vidales de la Universidad Surcolombiana, había diversos expertos en el tema, como el Dr. Jorge Téllez, la Dr. Claudia Salcedo, la Dr. HC Silvana Velásquez, el Dr. Demián Rodante y la Dr. Silvia Gaviria. Así que, estuve atenta buscando identificar patrones que sirvieran como herramienta para mi vida o para la vida de los que me rodean; escuché uno a uno los factores de riesgo y aprendí que hay diversos tipos, por ejemplo, los individuales que abarcan los intentos de suicidio previo al consumo excesivo de alcohol u otras sustancias tóxicas; depresión mayor, trastornos mentales, factores psicológicos, presencia de enfermedades crónicas; los familiares o contextuales que se comprenden de un historial familiar de suicidio, factores ambientales, sociales, maltrato físico, psicológico o abuso sexual; y los riesgos  precipitantes como: los eventos vitales estresantes: pérdidas personales (divorcios, muertes), pérdidas financieras  (económicas, laborales), fácil acceso a armas o medicamentos o el acoso.

Entendí que identificar algunos de estos riesgos puede hacer la diferencia, y que es importante empezar a hablar sobre salud mental en diferentes espacios: el hogar, el trabajo, las instituciones de educación, ya que el suicidio no es un diagnóstico sino una conducta, así como lo afirmó el Dr. Jorge Téllez.

La identificación de las emociones propias, o de los que lo rodean, es importante. Al sentir una emoción, resaltaron los expertos, es importante tratar de reconocer cuál es: tristeza, enojo, alegría, miedo. Tener claridad en lo que se siente, genera una facilidad para expresarse, y resulta más sencillo escribir las emociones, contarle a un profesional o una persona de confianza.

Según el Dr. Demián Rodante, “el suicidio es prevenible, pero no predecible”, es por ello que surge la necesidad de buscar ayuda profesional, consultar a un especialista y recibir todas las herramientas necesarias para atravesar lo que se está viviendo.

En conclusión, lo más efectivo es la detección temprana y el tratamiento específico, estar muy atento a las señales, identificar los cambios en la conducta: insomnio, desesperanza, irritabilidad, mal genio, aislamiento, falta de energía, cambios en el apetito, y luego acudir al psicólogo o psiquiatra a tiempo. El estigma se debe terminar, el diálogo es necesario, y, en definitiva, la detección temprana de factores de riesgo, la comunicación asertiva, el apoyo, el seguimiento de casos, al igual que el promover programas de salud mental y la difusión responsable de estos temas puede salvar vidas.

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